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La peste amarilla había invadido la ciudad y casi todos habían sido infectados. Como un desprendimiento de alguna clase muy agresiva de la influenza ésta particular forma se propagó en la población entera en una sola noche. Todos despertaron con síntomas de resfrío, ataques de dolor de cabeza y la sensación de irrealidad circundante que hacía que las gentes parecieran andar como en estado de aturdimiento mayor al habitual. Hasta ese momento no pasaba de ser una curiosa anécdota acaso interesante para los profesionales de la salud, pero todo cambió cuando el comportamiento de las personas se vio alterado al punto de convertirlos a la mayoría en asesinos. Loa automovilistas entre sedados y excitados de una extraña manera parecían encontrar diversión en arrollar a los transeúntes e incluso pasarles el vehículo varias veces por encima mientras que otros se abalanzaban sobre las vidrieras para incrustarse en ellas a toda velocidad. Algunos usuarios de bicicletas por lo general gente tran...
Era un extraño caso de realidad ininteligible. Estábamos en alguna clase de hotel en las afueras de un raro paisaje en donde a pesar de las plantas bien cuidadas y la construcción adecuada, parecía que la ausencia de voluntades fuera la nota central en la que estaba sintonizada aquella situación. No era un lugar en el sentido estricto de la palabra. Nadie podría explicar con claridad como es que habíamos recaído en ese espacio. Solo las tinieblas que invaden el mundo de los sueños podría eventualmente dar sentido a una construcción cuyas paredes parecían más vivas que quienes lo atendían y habitaban. Un horror primigenio y omnipresente en todo mi cuerpo me hacía estar sin permanecer y observar en medio de una espesa sensación de incapacidad perceptiva. Estaba claro que me había metido en un cuadrante no permitido. No usaba drogas ni alcohol y ni siquiera me gustaba husmear por los oscuros rincones del lado tenebroso de la existencia. Y sin embargo me hallaba allí, atrapado por una fu...
El ciclo de las cadencias del combustible incinerado por los rotores de compresión y por las turbinas de aleación de cuarzo y bencinas fluorescentes y la improbable aparición de una nueva fuerza que impulsara la nave hacia otra dirección hizo que aquellos hombres viajeros del tiempo se convencieran en muy poco tiempo que sus destinos habían sido sellados mucho tiempo atrás cuando desde algún lugar remoto del planeta se diera la orden de enviar seres vivos al espacio en un salto hacia el mundo de los muertos para intentar un rescate que por absurdo y audaz creían posible y conveniente al punto de romper todos los protocolos de acuerdos respecto a los límites de la ciencia y sus alcances en el mundo de lo paranormal. Fue una verdadera ceremonia. Oscura. Densa. Sabían que serían enviados de los campos de luz a las profundidades de universos inexplorados pero presentidos y temidos. La inclusión de las variables simbólicas y de conectividad con la pulsion astral había hecho posible ...
La canguromaquia comenzó como un juego al que los humanos se habían hecho adictos. Un caballero vestido con ropajes de seda, en medio de una arena gigante rodeado de miles de personas y armado con una larga lanza debía matar a estas bestias infringiendo tanto daño como fuera posible. Hubo un tiempo en que los merodeadores no eran más que unas simpáticas criaturas parecidas a pequeños canguros inofensivos. Pero luego de la mutación estas tiernas criaturas se convirtieron en demonios carnívoros. Saltan de diez a quince metros y con sus garras poderosas pueden romper un cráneo de un solo movimiento. Desarrollaron dientes filosos y pezuñas que desgarran a sus víctimas hasta las entrañas. Andan en grupos de veinte o treinta y atacan coordinados con la sincronización de una reloj suizo. Parecen comprender a la perfección la realidad kinética y el momento psico espacial de sus víctimas como si adivinaran todos juntos y al unísono sus intenciones. Se han convertido en depredadores astut...
La lomada era alta. Desde arriba se divisaba el río Maco. Cien cabezas de ganado pastaban tranquilas al mediodía. Las nubes gustaban de pasear por esas tierras y los pájaros tenían predilección por sus árboles robustos y añejos. Era curioso que incluso los insectos eran diferentes a todos los conocidos. Grandes escarabajos de colores radiantes y con combinaciones que parecían diseñadas por artistas; hormigas con cabeza amarilla y cuerpos turquesa, cien pies que llevaban los colores el arco iris como estampados en el caparazón y verdes bichitos que parecían iluminarse y brillar como velas. Algunas aves eran de tal belleza que al abrir sus alas y flotar por el cielo uno podía presentir la presencia de la fuerza de la creación en toda su poderosa armonía. Había un pájaro en especial al que llamaban "bicornio" y que tenía cuatro alas de modo que a la distancia parecía un hermoso híbrido con orígenes de mariposa. Los buambos, pequeños cervatillos tricolores corrían de aquí par...
Para cuando tocó el cascabel, ya era tarde. Cientos de jarrones de cerámica de colores se estrellaron contra el piso frío de laja. El sistema de defensa de la ciudadela preveía que en caso de ocurrir alguna catástrofe natural o si había aviso de guerra, la guardia debía correr hasta la torreta y tocar el gran cascabel y poner a todos en alerta. Pero no llegó a tiempo. Cientos de miles de flechas cruzaron el aire silbando y derribando soldados y civiles que caían al piso con letales inyecciones de venenos mortales. Era como una nube negra, una plaga de langostas oscureciendo al sol con un raro movimiento continuo y silbante. Producía un pavor muy especial, el silencio, la ausencia de enemigo al frente, solo la lluvia de afiladas puntas venenosas sobre la madera atravesaba el aire. Ni siquiera podían oírse los gritos secos de los moribundos ni las órdenes funestas de los generales del enemigo. Ráfagas y ráfagas de flechas como un diluvio fraguado en el frío del atardecer. Hubiese ...
Una serpiente cruzó por el camino. Los viajeros se detuvieron. El más pequeño, un hombre de unos noventa años, encorvado y arrugado, tomó su bastón y con suavidad corrió el blando cuerpo del reptil y lo quitó del sendero. Los más jóvenes, exaltados e impacientes, le recriminaron la acción esgrimiendo el argumento de que aquella podía ser venenosa y matar a alguien en el futuro. Los miró y golpeó a uno de ellos en la cabeza con fuerza. -Fácil es matar, difícil hacer vida- dijo y siguió caminando. Treinta años más tarde, un inmenso dragón llegó volando desde los cielos infinitos esparciendo fuego y humo, quemando todas las cosechas y las casas y tomando a personas con sus grandes garras para soltarlas contra las piedras para que murieran destrozadas. Sus inmensas alas tornasoladas se batían reflejando al sol en sus húmedas membranas. El cuerpo, revestido de escamas encadenadas unas a otras, formaban una verdadera malla de protección que impedían que las flechas le penetraran y de su...