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En una escalada veloz, el fuego ardió hasta consumirlo todo. Sus llamas de naranja incandescente devoraron la madera y derretían el metal. El cuerpo recostado sobre una tabla se consumió en algunas horas y las cenizas fueron recogidas por los magos. Lo que una vez fue carne y calcio, pelaje y pupilas, mutó en el gris y liviano polvo. Su alma se desprendió con la levedad de lo inmaterial. Una tenue luz que solo los místicos podían ver flotó en el aire como contemplándolo todo. Se transportó a su propio universo en el sereno mundo de la totalidad y se reintegró a su máxima expresión de vida unida a todas las almas, conformando una sola, inmensa y vigilante. Alrededor quedamos los que pisamos la tierra, pesados y sometidos al transcurrir del tiempo. Aquí estamos los que penamos y gozamos. Arde el fuego aún y por siempre se renueva a sí mismo tajeando el aire con su voluntad ascendente. Y nuestro cuerpo conformado de tierra y agua recibe la bendición del calor y la frescura de lo i...
El tiempo que lo corroe todo tuvo un extraño y único instante de piedad. Se detuvo. Quiso  tal vez Cronos hacernos un regalo o quizás sintió compasión por aquel pequeño felino del color de la miel y la vainilla, del naranja del ocaso y los indomables y misteriosos ojos que parecían siempre como un portal hacia otros mundos. Una invitación a un viaje de recorrido incierto y misterioso. Nos otorgó la gracia de casi diez segundos, un guiño a la eternidad. La noción del fluir de pasado a futuro se dilató en el presente hasta hacerlo vasto y luminoso aun en aquel momento de despedida y aparente oscuridad. Diez segundos incontables y vívidos, enteros, perfectos, serenos, necesarios. No fue un hasta pronto ni un hasta siempre, no fue un abandono. Fue un adiós . Y allí fue. No hubo que hacer esfuerzo para vivir en silencio esos diez segundos; con el espíritu alerta, completo y compacto nos fue permitido espiar juntos por la hendija de la inmortalidad. Hay algo de orgasmo ...
Y ronroneando partió. TO+
En una calle del centro vio un grafiti que decía: CHICA ASTRONAUTA.  NORWALD MEINERT, 2013 "INCIDENCIAS Y COINCIDENCIAS" (Ed. Silver Puf)
Algunos tipos de oscuridad pueden llegar a ser sanadores. Espacios incrustados entre las cosas y los nombres. Cuando los gatos se lastiman, corren a esconderse en un lugar donde no haya luz y allí se quedan hasta que se curan. Así, quien quiere recuperar sus bríos, los ánimos y la alegría tal vez deba intentar el camino del gato y rehacerse en silencio mientras sus fuerzas interiores emergen desde las entrañas hacia la piel. Luz. Sombra. Luz. Sombra. El paso del tiempo con sus ciclos naturales dispuestos tan elegantemente en el espacio como un néctar del que beben los afortunados que encuentran un lugar para cada momento. Luz y sombra. En las horas crepusculares reside el peligro, en ese espacio en el que no es de día ni de noche y donde los colores se esfuman y a la vista se enrarece el horizonte. También el silencio y la quietud. En medio del inestable equilibrio que propone el mundo de la materia confluyen las rutas hacia el verano interior. La necesidad de silencio. La m...
Rara vez es posible observar el átomo como una entidad estable. Sin embargo los científicos lograron aislarlos separando los polos magnéticos y fusionando sus aportes eléctricos en polaridad invertida.  Eso significaba que en el mínimo espacio posible de trabajo habían creado la posibilidad de una explosión a escala global. Es que no se trataba de cualquier átomo, era un átomo de percepción.  Al parecer las emociones y los sentimientos segregaban una forma física concreta que antes de traducirse en el cuerpo en forma de hormonas pululaban en el espacio girando alrededor de núcleos de los electrones.  Como sea, el caso es que al aislar el elemento perceptivo en forma de energía estaban casi sin saberlo creando materia.  Solo era cuestión de tiempo que condensara y se apelmazara hacia una fluctuante solidez.  Claro que la búsqueda estaba vinculada a la posibilidad de crear lazos energéticos a través de mallas que unan la consciencia a la materia cruda de...
Hay días, durante las tardes frescas de otoño, en que me observo sin lástima ni compasión y aun sin verme con demasiada justeza se me ocurre la extraña pero familiar idea de que somos como juguetes averiados, depósitos en lugares perdidos o fotografías sin nombre, perdidos en la inmensidad del tiempo, vagando por el espacio, buscando solamente una flor que nos reconozca.  LEE KWO MAE, 1968 "DESMEMBRAMIENTOS Y CAÍDAS" (Ed. Singh Kwar No)