El río se comportaba, como siempre, de un modo perturbador. El cielo se fragmentaba en escamas y reflejos brillantes como rubíes interrumpían el azul cerúleo que entintaba todo. La noción de tiempo se tornó difusa. La expectativa por el tornado mantenía a las personas en un extraño estado de arrobamiento. Fascinación y pavor de la mano y al mismo son. Algunos querían quedarse para ser testigos de un acontecimiento único mientras que otros estaban allí como paralizados por una serpiente de nubes. Nada parecía indicar peligro. Solo la rara combinación de calor y viento conformaban una extraña sensación de lugar perdido como si la tarde se prestara a la tragedia. Sin embargo, todos seguían allí, expectantes. Nadie quería perderse la visión de lo que por las radios se estaba llamando “un acto de Dios”. Los remolinos cuánticos eran apenas conocidos por la ciencia y habían comenzado hacía relativamente poco. Su brillante formación verde intenso tenía la propiedad de ser ...
Sentinelas híbridos guardaban las costas del Mar Agrio. Sus armas eran de hiedra y hierro, gemas turquesa y miel líquida. Desde lo alto del puente por donde cruzaban miles de personas por día se podía ver sus siluetas recortarse contra el la vieja estación de tren. Los llamaban “Zazensi” y su presencia se había vuelto natural para los locales. Cuando llegaba algún barco hacia el puerto sus tripulantes hacían un signo con los dedos frente al rostro para demostrar su respeto. Un nonagenario que vendía uvas frente al atracadero observaba las gaviotas azules girar alrededor de una gran red con frescos peces y cada tanto les arrojaba pan humedecido en leche. Cada quien se ocupaba de su asuntos y rara vez alguien alcanzaba a sorprenderse por lo que ocurría en el mágico puerto de Amidazal. Los centinelas eran ocho, de diferentes colores y formas. Frente a la entrada principal se encontraba Albo, el protector de las damas y tenía en su frente una corona con gemas de aguamarina. Se le h...
PIENSO EN LA LECCIÓN. ME PONDRÉ DE PIE Y TRATARÉ DE NO ENCORVAR LA ESPALDA. HABLAR EN PÚBLICO ME ATERRORIZA Y ME HA LLEGADO A DEJAR MUDA. MI CABELLO RUBIO Y LACIO PARECE UNA GRAN MARCA QUE DICE - ESCÚPANME, BÚRLENSE, ODIENME-. LA MAESTRA ME VA A MIRAR -YA LO SÉ- CON LÁSTIMA. Y COMO NO TENGO AMIGAS NI AMIGOS EN EL AULA, NADIE SE VA A SONREIR CUANDO COMIENCE A TARTAMUDEAR. PERO ESO NO ME PREOCUPA. SON LAS CONVULSIONES LAS QUE ASUSTAN A TODOS. LA ESPUMA EN LA BOCA Y LOS OJOS QUE SE DAN VUELTA. ESO ES LO QUE DICEN, YO NUNCA LO VI. PARA MÍ, ES TODO NEGRO. NEGRO Y SILENCIO. Y LUEGO LA LUZ. UNA LUZ TAN BRILLANTE QUE ME IRÍA CON ELLA HACIA EL INFINITO. RENAZCO CADA VEZ. Y SOY OTRA Y TAMBIÉN LA MISMA. DE CADA EVENTO TRAIGO ALGO, UN RECUERDO, UN SOUVENIR. LA ÚLTIMA VEZ TRAJE MIEL Y ARENA. NUNCA SÉ PARA QUE SIRVE. TENGO UN ARCÓN EN MI PIEZA. ALLÍ YA LLEVO GUARDADOS CIENTOS DE OBJETOS: AMATISTAS, CHOCLOS, MUÑECOS DE LATÓN, UN FRISO GRIEGO DE ALABASTRO, DOS CANILLAS DE PLOMO DE LA GRANJA, CÁÑAMO, D...