En el fondo de un jardín, detrás de la ciudad, hay un lago escondido. Tiene incluso una salida al río. Allí se han ido a jugar en secreto los amantes de las maravillas. Tres inmensos dragones chinos recorren el espejo de agua. Están hechos de globos de colores y brillan al sol. Hay quienes los montan y recrean fabulosas batallas. Los árboles y el secreto los cobijan y el naranja de la tarde los inspira. Feliz aquel que lo encuentre.
TORNADOS VERDES
El río se comportaba, como siempre, de un modo perturbador. El cielo se fragmentaba en escamas y reflejos brillantes como rubíes interrumpían el azul cerúleo que entintaba todo. La noción de tiempo se tornó difusa. La expectativa por el tornado mantenía a las personas en un extraño estado de arrobamiento. Fascinación y pavor de la mano y al mismo son. Algunos querían quedarse para ser testigos de un acontecimiento único mientras que otros estaban allí como paralizados por una serpiente de nubes. Nada parecía indicar peligro. Solo la rara combinación de calor y viento conformaban una extraña sensación de lugar perdido como si la tarde se prestara a la tragedia. Sin embargo, todos seguían allí, expectantes. Nadie quería perderse la visión de lo que por las radios se estaba llamando “un acto de Dios”. Los remolinos cuánticos eran apenas conocidos por la ciencia y habían comenzado hacía relativamente poco. Su brillante formación verde intenso tenía la propiedad de ser ...