Nadie supo si las heridas fueron hechas por Gastón Vollman o por el contrario Susi se autoflageló con el solo propósito de engañar a la prensa. En todo caso, lo que sí quedaba claro es que la sangre brotó de su pecho abierto como un río indigno y lodoso. El oficial que la encontró tirada sobre un viejo sillón de jean quedó impactado de tal modo, que aún siendo un veterano hombre de la fuerza, no pudo evitar gritar como un niño. Al tiempo el caso se olvidó. El oficial pasó a ocupar un puesto menor en el sector administrativo, Susi se curó, Gastón Vollman le regaló jazmines y se reconciliaron.
TORNADOS VERDES
El río se comportaba, como siempre, de un modo perturbador. El cielo se fragmentaba en escamas y reflejos brillantes como rubíes interrumpían el azul cerúleo que entintaba todo. La noción de tiempo se tornó difusa. La expectativa por el tornado mantenía a las personas en un extraño estado de arrobamiento. Fascinación y pavor de la mano y al mismo son. Algunos querían quedarse para ser testigos de un acontecimiento único mientras que otros estaban allí como paralizados por una serpiente de nubes. Nada parecía indicar peligro. Solo la rara combinación de calor y viento conformaban una extraña sensación de lugar perdido como si la tarde se prestara a la tragedia. Sin embargo, todos seguían allí, expectantes. Nadie quería perderse la visión de lo que por las radios se estaba llamando “un acto de Dios”. Los remolinos cuánticos eran apenas conocidos por la ciencia y habían comenzado hacía relativamente poco. Su brillante formación verde intenso tenía la propiedad de ser ...