Entradas

Desarrollaba su actividad disfrazado. Se movía entre las sombras. Calculaba sus pasos. Sabía hacerse invisible. Planificaba. Disponía de recursos y administraba sus energías con justeza. Era hábil, sagaz, seguro, confiado, ágil, sereno, inmutable, silencioso, poseía una memoria prodigiosa y jugaba sus piezas como una ajedrecista maestro. Sabía manejar las fuerzas de la naturaleza en todas sus formas, desde la magia negra a la blanca. Conocía hechizos, portales invisibles, túneles secretos. Sabía relacionarse con las fuerzas elementales y dominaba en alguna medida al fuego y al agua, al viento y a la tierra. Era bueno invocando truenos y podía captar la energía de los relámpagos. Había hecho llover y granizar. Podía mover las masas de aire para hacer caer lluvia o nieve. Su relación con la temporalidad era tan estrecha que viajaba en el tiempo, a futuros remotos y a pasados perdidos. Supo así, ser un arqueólogo del futuro y trajo para su mundo la memora de tiempos por venir. Viajaba...
Creó en su mente un refugio. Levantó paredes gruesas, clavó estacas de hierro, untó con cemento las juntas. Techó con maderas duras y revistió todo con placas inexpugnables. Apenas dejó espacio para que ingrese la luz a través de ventanas de doble vidrio y esmeriladas. Puso candados, varias llaves y forró el piso con mármol frío. Una vez adentro se agazapó en una esquina, armado hasta los dientes. Una escopeta lista para echar fuego y una pistola, dos cuchillos y un atado de dinamita. Tenía a su lado fósforos suficientes para incendiar un bosque. Se recostó a lado de la heladera repleta de víveres. Las latas de conserva completaban la acumulación rabiosa de existencia hecha comida. Allí se quedó por mucho tiempo. Y así permaneció en silencio y expectante, aguardando la menor señal de intrusión para disparar a matar y morir si fuese necesario para defender el núcleo central de su existencia. Quería mantener lejos cualquier mínima posibilidad de salir herido. Y así forjó a...
Fuimos paseantes de la existencia. Vulgares en muchos aspectos, quizás banales. Aún así construimos con huellas los pasados que otros transitaron. Algunos se sintieron inspirados a cantar o bailar, a saltar desde rocas elevadas en aguas transparentes; otros prefirieron respirar en vientos agitados, cruzar fuegos ardientes o mirar con desconcierto la caída del mundo. Los hubimos curiosos y chispeantes, los hubo vergonzosos y taciturnos, ávidos de experiencias mortuorias, increíbles y lúgubres pasajes a inmortalidades dudosas; los hubo expertos en el discurrir incierto y efímero, algo así como soldados líquidos. Entre nosotros había ventajeros, mujeres y hombres que sabían cortar la tajada antes que otros y sin embargo apenas repuestos de se natural avaricia se sobreponían compartiéndolo todo. Así nos adentramos en la selva de existencias diversas, siempre mezclando lo sutil con lo más húmedo y oscuro de la materialidad, a veces con el columpio en el norte, a veces en el sur. El ...
Recién llegada de Japón, Zulema se dedicó a revisar sus experiencias recientes. Había mentido y en algún lugar de su mente sabía que no le habían creído, entonces ¿Porqué la habían dejado libre? Su mente era un tren bala disparado sin frenos, pasaba de un recuerdo a otro buscando el error, la contradicción o cualquier indicio de inconsistencia en su discurso. No lo encontraba. Una y otra vez pasaba por las mismas estaciones como si viajara en círculo buscando algo que o no existía o se había evaporado volviéndose elusivo e inasible. Había llegado a Tokio con el objetivo de recuperar el collar Zíngaro que le había sido robado a una de las mercaderes más ricas de Bogotá: doña Susoza. Su trabajo era complejo, debía tomar misiones que nadie quería para gente que a la que todos temían, ir a lugares peligrosos y meterse con lo peor de la escoria humana. Haberse operado había ayudado a su proceso de seguir libre, intacta e inalcanzada. Su último bisturí fue traumático pero nec...