Entradas

Lo curioso no fue que él haya ensoñado despierto sino que vivió sus dos realidades en paralelo como escindido entre mundos que sin embargo conformaban una particular unidad. En un mundo practicaba la respiración diafragmática, reconcentrado y hecho carne con su cuerpo, en el otro se encontraba dentro de una inmensa esfera grande, una estación espacial. Una claraboya a la derecha arriba de la línea ecuatorial imaginaria presentaba un hueco que llevaba hacia algún lugar desconocido. Volando hacia ella un inmensa águila de mármol blanco batía sus alas con firmeza guiando a una serie de seres extraños que lo seguían en silencio y ordenada danza. Eran ángeles, abstraídos y alegres, acaso perdidos con coronas de guirnaldas y trompetas de oro refulgían como quásares en medio del recinto. La línea imaginaria que formaba el vuelo del rapaz y su corte angelical componía una sonoridad espectral que bien era una pintura sinuosa e inquietante y a la vez una partitura viva de un alguna misa cele...
Lo curioso no fue que él haya ensoñado despierto sino que vivió sus dos realidades en paralelo como escindido entre mundos que sin embargo conformaban una particular unidad. En un mundo practicaba la respiración diafragmática, reconcentrado y hecho carne con su cuerpo, en el otro se encontraba dentro de una inmensa esfera grande, una estación espacial. Una claraboya a la derecha arriba de la línea ecuatorial imaginaria presentaba un hueco que llevaba hacia algún lugar desconocido. Volando hacia ella un inmensa águila de mármol blanco batía sus alas con firmeza guiando a una serie de seres extraños que lo seguían en silencio y ordenada danza. Eran ángeles, abstraídos y alegres, acaso perdidos con coronas de guirnaldas y trompetas de oro refulgían como quásares en medio del recinto. La línea imaginaria que formaba el vuelo del rapaz y su corte angelical componía una sonoridad espectral que bien era una pintura sinuosa e inquietante y a la vez una partitura viva de un alguna misa cele...
La Nada llena el espacio con reflejos. Cada uno es una ilusión. Se dispersa como un murmullo entre las finas capas de la energía. Impregna el oxígeno, el hierro y las rosas, al pez, el crisantemo y la hiedra. Todo vive bajo su égida colosal de brillos interpuestos entre bloques vivientes de materia líquida. Con cada pulso, las pequeñísimas e intensas partículas se soliviantan como centauros. Cada pasaje se llena de eléctricos despertares y los puentes entre los mundos se abren para que crucen los navegantes. La puerta al otro mundo se abre y con cada aliento y la fuerza impulsora la voluntad, el ánima se eleva hacia nuevos horizontes. Más vastos y proteicos, néctares para almas sensibles. Todos los estados conviven en su razón máxima de ser; los abedules y las ranas, el brillante metal y la seda dulce se estremecen con la certeza de una camino posible. Al cabo de un ciclo recomienza otro y la espiral del mundo crece. Nutricio y relajante, el espacio se dispone como eje de punto de an...
Un ojo que quisiera verlo todo. Abarcar el infinito y sumergirse en los cielos. Su centro es negro, brillante y liso como el lomo de un cascarudo. A los costados nace un volcán estrellado. Quiere salir a conquistarlo todo. Invade el terreno de verde y lo completa. Un punto negro orbita como una luna negra. Lilith. TEO KABUKAKI, 2012, "So far for love" (Ed. Toi)
Como un río largo y sinuoso, la vida se escapaba sin poder retomar los hábitos. No moríamos, no podíamos morir, éramos inmortales. Ese fue el suplicio. Habíamos sido castigados por nuestra afrenta. Cuando insultamos al destino y nos opusimos a sus designios confrontamos con algo más que los dioses. Fue un insulto a sus creadores. Los llamábamos los Archidioses y en realidad no estábamos interesados en entrar en su rango de acción. Al contrario, ocultarse había sido siempre la estrategia y una buena idea. Pero fuimos tontos. Compramos nuestras propias alucinaciones y descargamos nuestra ira en nuestros dioses con el poder que habíamos adquirido. La conquista del núcleo efímero había constelado las energías del mundo sideral y con ello nuestro poder fue inmenso. Decidimos ser libres. Anárquicamente nos subimos al pony de la discordia y rebatimos los argumentos de nuestros creadores, desafiamos sus órdenes y hasta matamos algunos. Fue sangriento. Terrible espectáculo ver a los padres de...
Eran como ella, un anatema. Aquello sobre lo que no debía hablarse. Objetos que no debieran existir en lugares que carecían de nombre. Como el cianuro y los ventrílocuos, ábside y la espera o todos los cantones de la China oriental. En torno a ella había sin embargo tierra húmeda. Todo crecía. Indistintamente fuera almendros o tumores. En cada parte lugar había un cartel con su nombre, tal era su omnipresencia. Juraba que lloraba pero yo nunca la vi. Y para mi fue un misterio. Como el nacimiento de los soles o la venida de un Salvador, nade parecía previsible. No habíase establecido un terraplén ideal que sirviera de sostén a tamaña fuerza. Millones de hierros minúsculos flotaban en el éter identificados con su propia forma, la de ella, tan particular y sonriente. Era una zona de guerra. Un vendaval y una furia que metía miedo. Gotas de amor de la infancia rezumaban de entre el todo para emerger transfigurado en pasión. Una alabanza incesante a lo que no puede ser medido. Y en todo...