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El día estaba despejado y hacía calor.  Desde el fondo de un agujero negro y enorme salía humo.  Había un largo y pesado silencio.   Del centro del pozo salían como despedidas, un millón de cucarachas blancas.   Corrían enloquecidas en todas direcciones formando una alfombra  blanca sobre la tierra negra.   El calor parecía aumentar, el aire se volvió espeso y el suelo retumbaba con un sonido sordo y acompasado.   Desde otros agujeros situados a algunos cientos de metros de distancia emergieron torbellinos de más cucarachas blancas, un millón de cada agujero.    La tierra parecía un mosaico que se iba cubriendo blanco desde todas direcciones.  Algunos pájaros revoloteaban alrededor sin decidirse a hacer nada en particular.   Nos encontrábamos dentro de la macroesfera, protegidos, o al menos eso creíamos.   El grupo estaba completo, y fue eso un gran logro, llegar hasta allí en medio de tan...
Se había convertido en mariposa. Una bella y extravagante mujer alada. Había realizado los rituales apropiados y el efecto de la mutación finalmente dio su resultado. Una pequeña joven de piel muy negra y ojos entre rojo-azulado y amatista que brillaban como luces encendidas en un museo oscuro. Fuego bajo las cejas y fuego en el alma. De niña soñaba con dos cosas: volar y ser feliz. Por algún motivo asociaba lo segundo a lo primero. En la biblioteca de su casa había algunos libros muy antiguos con raros dibujos de pentagramas, ojos y números. Había uno en especial que atrajo su joven interés y se llamaba Rituales de Magia Antigua. Lo leyó y hojeó innumerables veces hasta que cada uno de los pasos se le grabó en su sensible y moldeable  mente. Cuando cumplió los quince años se internó en lo profundo del bosque y preparó los elementos necesarios para el mágico momento. Sal, cuerdas, azufre y las líneas escritas con tinta negra sobre cuero de carnero. Vestía con un largo v...
Ella nunca volvió a aparecer. Como si se la hubiese tragado el horizonte su figura liviana y evanescente se desdibujó una tarde naranja. Flotaba. El viento no le ponía resistencia, al contrario, parecía que la atraía como un imán hacia el centro de otro universo, una escapada hacia estrellas diurnas y espacios sin final. Sus cabellos parecían flamear, encendidos como fuego helado y dejaba una estela de luz difusa que parecía marca una ruta al pasado. La sinuosa línea que se proyectaba en el aire, parecía contener misterios, frases no dichas, promesas inconclusas. El sol caía mostrando por última vez su redondez perfecta. Los rayos sin embargo aún resplandecían hacia lo alto resquebrajando nubes, interfiriendo el espacio y dejando el tono de la vida por encima del techo del mundo, solo un poco antes del crepúsculo y la oscuridad total. Como un rayo de luz amarilla, cruzó todo el universo hasta llegar sobre sus mágicos pies flotantes, a la más negra de las sombras. Allí, en un ...
Había llegado de muy lejos y estaba perdido. No podía precisar si había recorrido el tiempo o el espacio pero sabía que su hogar y su pasado habían quedado en un lugar inaccesible y que de aquí en adelante solo sería parte de sus recuerdos y luego apenas un rastro perdido en la bruma del olvido. Su nave era extraña. Un gran ovoide que brillaba a la luz del sol con un reflejo pálido y seco como aluminio pulido. Tenía unas marcas grabadas al costado, los símbolos que identificaban aquel vehículo como perteneciente a la flota sagrada de la constelación. Una joya de la ingeniería aeroespacial proveniente del más lejano de los mundos, el universo de Yuam. Allí todos eran guerreros. La comunidad se basaba en los estrictos preceptos del arte de la guerra y la cacería. Eran entrenados desde pequeños en todos y cada uno de los aspectos de la batalla, las armas, estrategia y táctica militar y de asalto. Eran verdaderos depredadores en un universo sin lugar para los débiles. Cuando por er...
Había llegado como un salmón, saltando entre las rocas en dirección contraria al fluir del río de la vida. Le decían El Rampante. Nadie sabía bien porque, pero el caso es que todos lo conocían por ese nombre. Su especialidad era la confección de planes que pudieran distraer al tiempo. Algo así como una inyección de improbabilidades estadísticas en un sistema dado. El Rampante tenía la capacidad curiosa y poco común de enamorarse de situaciones que por lo extrañas o peligrosas, podían traerle la satisfacción de vencer alguna ley o alguna premisa. Su andar era curioso, siempre estaba con sus zapatos embarrados y las uñas demasiado largas. La boina roja que utilizaba parecía hecha para hacerlo quedar como un indigente. Raída y descolorida, la llevaba como si fuera de vital importancia o perteneciera a alguna organización militar dentro de la cual su uso fuese obligatorio. Se ayudaba con un bastón aunque no tenía ningún problema para caminar y además era joven, enérgico y vital. Usa...
El lugar de los deseos. Así lo recordaba Aurora. No era el nombre de aquel sitio pero ella lo había bautizado con la fuerza de la creencia que conduce a las niñas. Iba a menudo. En especial cuando se sentía sola o triste. Nunca pedía nada, le parecía de mal gusto andar solicitando favores por ahí. Incluso a sabiendas de que no le vendrían mal algunas ayudas, se mantenía firme en la idea de no desear en el lugar de los deseos. Era casi como un acto de poder pequeño y virginal. A pesar de su corta edad y su escasa educación, llevaba sobre sí misma una fuerte dignidad, algo así como la marca de un reinado sin tierras pero carente del tonto orgullo y la innecesaria vanidad. Contenía el aliento mientras contaba en silencio cuantas aves veía; otras veces contaba ramas, insectos, incluso gotas de lluvia cuando iba luego de las tormentas tan habituales en esos tiempos. Creció como crecen los buenos árboles, firme, despacio y con la belleza natural y sin falsedades de las criaturas de l...
El estado de su mente solo podía definirse como crepuscular. La escasísima luz dentro de de ese infinito espejo de formas y colores teñidas por la sombra antes del anochecer, era acaso el último obstáculo para  la inundación de la nada. El vacío se estaba apoderando de lo que quedaba de su sistema vital. Órganos, huesos y músculos respondían en estado de mínima atención, algo así como un sedante de índole cósmica. El plan de la entidad invasora era de tal perfección que incluso siendo siniestra, contenía algo de belleza. La mimesis de la carne y las ideas, como si el contenido de una fuese el envase de la otra y la suma de ambas un sistema más amplio e impredecible. Siempre se trataba de lo mismo: infiltrar el sistema para hacerlo propio. Todos lo sabían. Una actividad de espionaje en el centro de lo manifestado y en la periferia de lo imprevisible Se trataba de desmantelar las defensas con la precisión de un cirujano pero sin siquiera despertar el ánimo de guerra y defensa ...