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-Soy profesor de bío ética en de la Universidad de Cuenca, y tengo escritos alrededor de veinte ensayos sobre biología molecular, radiología anamórfica y tecnología de la sinapsis artificial, como usted sabe mi nombre es sinónimo de seriedad en las investigaciones, así que por favor no me haga preguntas sobre tópicos que no aplican al caso.- dijo Carlo Amadori. El periodista tomó un poco de aire y re preguntó:  - Profesor, ¿pero es posible que  exista un mundo paralelo al nuestro? Carlo se acomodó los lentes pequeños, cuadraditos y tomó aire con su inmensa nariz de azor y contestó:  - Señor mío, usted se figura que uno está aquí para saciar la insaciable curiosidad del vulgo acerca de cualquier cosa que sale en los medios, y le digo que es casi imposible, vea, a menos que se tomen el tiempo para comprender lo mas básico de este fenómeno...  -¿Es posible o no, profesor? - Replicó Silvio Arriaga, el entrevistador del canal oficial. El profesor, siem...
Componer sinfonías para un emperador que gobernaba casi media mitad del mundo era una tarea cuanto menos riesgosa. Todos sabían que si por algún motivo la obra en cuestión no era del agrado del máximo gobernante, la cabeza del músico rodaría escaleras abajo y pasaría a forma parte del barro con el que continuamente se construían torres y muros de defensa del castillo más colosal jamás visto en el Poniente. Pero eso sin embargo a Johannes Kastul no le pesaba. Vestía de túnica amarilla con collarines coral y como todo músico de la corte portaba un inmenso bonete negro de más de un metro de alto rematado con borlas de oro y plata. El protocolo era cosa seria en el reino. Nadie podía cambiar ni un solo detalle de aquel intrincado sistema de pases, vestimenta y palabras que conformaban la esencia del sistema de castas más antiguo del mundo. Desde tiempos remotos se seguían un patrón inalterable y no sería Kastul quien lo cambiara. Como músico era mediocre y lo sabía, t...
Sucedió en una aldea del norte de Westfalia una mañana fría de abril del año 1395. Estaba previsto que los monjes harían una de sus escasas salidas del monasterio para honrar la memoria del difunto Johannes Weider-Lohann, quien fuera el fundador de la orden y creador de los principios y leyes que regulaban aquella institución vinculada parcialmente con la iglesia pero lo suficientemente autónoma para confeccionar sus propias reglas. La procesión consistían en los más de mil miembros portando sus trajes monásticos: túnica negra con capucha ribeteada con símbolos hechos con hilos de oro. En sus manos traían una vela encendida y del cinto pendían látigos y cruces. Un collar de hierro con borlas de oro sujeto al cuello. Los ojos tapados con vendas negras. Caminaban atados unos a otros en fila y ninguno podía ver. El que iba adelante, iba guiado por la voz de un extraño ser mitad pájaro y mitad humano que llevaba una máscara de cuero sobre su cabeza de ave. En la mano tenía un gran...
El cielo se tiñó de verde y amarillo. Bandadas de pájaros de las más diversas especies competían por jugar con aquel sol fulgurante que irradiaba luz, calor y pulsos de vida. Sentado entre árboles frondosos, Lilian observaba el juego de movimientos multicolores de las aves volando a diferentes alturas, cruzándose y pasando tan cerca unas de otras sin siquiera rozarse. Era como una coreografía ensayada por milenios haciendo su representación ante un público invisible. Pero allí estaba ella, Lilian, una híbrida, hija de hombre y hada. Una extraña en dos mundos, bella y singular. Su rostro reflejaba la luz de tal manera que incluso podía cegar a un alma oscura. Sus ojos rasgados hasta lo imposible, contenían aquellos ojos claros, raramente violáceos y verdosos, un arco iris distinto y cautivador. Sus orejas terminaban en una punta suave, claro indicio de sus ancestros del reino de los elementales. Las manos finas y delicadas parecían las de una pianista; uñas largas y filosas sin ...
Yo soy Denise, o mas bien me llamo Denise, y en realidad tampoco ese es mi nombre real. Nací con el nombre de Alicia Tobal y no soy millonaria.   Trabajé como instructora de deportes de alto riesgo hasta que tuve un accidente volando en parapente en el cual perdí a mi novio lo cual me sacó las ganas de aventurarme en el mundo de la adrenalina.   Ahora estoy excedida al menos 25 kilos de mis peso, encerrada en mi departamento de la calle Mendia al 500 entre la Facultad y el cine viejo “Atlas”. Me involucré con el caso de la orden de la Convalecencia debido a mi padre, el doctor Tobal que fue un miembro activo antes de morir, de modo extraño al caer de un puente en la ciudad italiana de Mantina.   Quería saber algo mas de la orden que le ocupaba la mayor parte de su tiempo, aún el tiempo que yo pretendía para mí.   Nada Me hubiera mas feliz que estar mas tiempo con mi padre.  Era un buen padre.  De chica me llevaba a ver nace...
El Señor de Alba me pretendía desde hacía un tiempo largo.  Yo lo ignoraba con la idea que sabemos todas de que el rechazo y la indiferencia lo enamorarían aún más.   Mi madre me había prevenido contra este señor.  Él me instó a llamarlo Edy.   Era yo joven y por consiguiente no estaba muy dispuesta a aceptar los consejos de una cuarentona que yo creía anticuada y pacata.   ¡Cómo le habría hecho caso si hubiera sabido las terribles consecuencias de mi desobediencias!   Pero de nada sirven los arrepentimientos cuando el tiempo ha corrido su carrera envenenada por sobre los hechos. Edy me invitó a una fiesta en la campiña.  Una tía muy rica le había dejado una hermosa casona de herencia.  De estilo, pintada de blanco y acariciada con la enamorada de los muros, le daban un aspecto de pertenecer a la tierra que ocupaba. Edy era extremadamente gentil, amable y me trataba como a una princesa, era la envidia d...
Cuando el vacío arrastra sobre su espalda infinita, aroma a incienso y agua de jazmín, delata que ha perdido, en mitad del camino, su costumbre ancestral de contar los hilos de plata apelmazados de las almas aferradas a su sino de olvido y cantos perdidos. En el andar lento y parco sobre piedras y parques de miel, se desvanece en el aire como un amplio círculo de fuego y sonidos estridentes, tan larga es su cola de ave negra, tan ausente su llamado a la misericordia y el perdón. En el centro de la estancia de un vuelo en círculos, siempre llevado por el remolino de las vivencias humanas, tan distantes de la vida y tan alejadas de la muerte. Incluso al entonar sus himnos de muda guerra, se contiene como un niño perdido, entre la soledad y un destierro no querido. Pasa como en todos los mundos, que la más leve caricia se convierte en un viento que se eleva, en una canción que no suena, y persigue su cola en el más solitario juego de canibalismo autoinfringido. La implosión de las id...